miércoles, 30 de diciembre de 2009
Grandes Pequeños.
martes, 8 de diciembre de 2009
MAGIA.
sábado, 21 de noviembre de 2009
Lorenzo y el cegato.
jueves, 19 de noviembre de 2009
Con ojos de niña.
Autor: Delia.(Madrid)
domingo, 25 de octubre de 2009
Sabor a verano
El viejo pianista.
Aunque esta noche sea como las demás, se a puesto su mejor traje, le ha sacado brillo a sus zapatos y luce sus mejores gemelos. Despacio y con calma se acerca a su viejo pero hermoso piano, le cuesta trabajo sentarse en la butaca, pero se apoya en su bastón, a sus pies… su pequeño y peludo amigo, que observa y parece decir –cualquier tiempo pasado fue mejor. No puede evitar sonreírle y acariciar su suave lomo.
Sentado frente a ese instrumento que traduce lo que su alma cuenta, desliza sus dedos por la tapa del piano (parece acariciar a una mujer) sabe que esa es la ultima frontera; lo que le separa de sus sueños. Cierra sus ojos y aspira con calma y nostalgia… enseguida capta el olor a madera y papel del piano y su partitura, casi puede saborear las notas y es que el solo sabe tocar son sus cinco sentidos.
Y ahora es cuando vuelan sus manos por ese mundo en blanco y negro, besan sus dedos cada tecla, y siente su viejo corazón que hay algo más; de pronto ven sus ojos cerrados a esa mujer que un día fue suya, puede incluso captar el perfume de su pelo negro, recuerdan sus dedos el tacto de su pecho, se mezclan las notas con la voz de esa hermosa dama… -que no daría yo por un ultimo baile a su lado. Es lo que parece decir una tímida lágrima que resbala por su mejilla.
El espacio entre nota y nota se va dilatando hasta llegar a desaparecer y con ellas… el recuerdo de esa hermosa mujer. Orgulloso, como quien termino una obra de arte, respira y sonríe.
Ahora se levanta despacio de la butaca y coronando con sus manos el bastón, se inclina suavemente ante un cuadro que preside su salón y unas palabras asoman a sus labios; –Buenas noches mi amor, te veo mañana a la misma hora.
Autor: Iván Sanchez. Blog: Cosas de Iván. http:cosasdeivans.blogspot.com
lunes, 28 de septiembre de 2009
PERSECUCIÓN A UN MODELO 28.
viernes, 11 de septiembre de 2009
La Vida Misma.

Había una vez… un pulgarcito que llegó un seis y un tres pequeño, y descubridor de todas las cosas nuevas de la vida. Conocedor de todos los peligros, pues así su Padre se lo inculcaba:
_Mira bien al cruzar la calle, no corras a no ser que te persigan, ten paciencia siempre hay tiempo para salir.
Siempre decía: Este niño es un despistado con dedos de pianista. Aventurero, encantado por el sol, el mar y la playa. Donde aprendió a andar.
Siempre a misa los domingos, esperando a la salida aquel cucurucho de papel cartón con patatas chips, recién echas en la churrería.
Su animal preferido el Guepardo, amante de los animales. Su bici roja “BH”, sus motos Cota 49 y Enduro 75. Y su primer coche un 127 amarillo. Viajante incansable, donador de su servicio, con amor patrio y henchido el corazón, a la patria.
Ya golfete por las noches y borrachín no se comía un rosquín.
_Papá, dame algo que salgo a cenar_
¡Sí, pero no vengas a las tantas!
¿Y tú que hacías cuando eras joven?
Guapetón, pero del montón, con ojos de gato. Amante con la mente y la vista del sexo, opuesto al suyo.
Deportista nato, adulador de los fuertes, ganador de triunfos. Idolatrado por el corazón de León de cuentos y aventuras. L a espada plateada y la flecha negra.
Callejeador diurno y búho noctámbulo.
Llegó boda, familia de joven(Mamá, hoy no vengo a comer), y familia de mayor(¿Papi que hay para comer?).
Estrechado la mano a presidentes, empresarios y políticos.
Ahora ya soy mayor.(Me decía G.Creixell: estudia, que cuando seas mayor te servirá).
Estudié la vida y a las personas, y Pulgarcito sigue siempre las piedras blancas, escucha a los 7 enanitos, defiende a Blancanieves, se esconde de la malvada bruja, y está al acecho del lobo. Se acuerda de Mortadelo y se pregunta cual fue la última película que vio en súper 8… A Charlot en blanco y negro.
Colorín, Colorado, señores míos, este real cuento emanado de mi mente, en el presente aquí se ha acabado.
P.D. En el colegio, más bien recatado, el bocadillo me lo comía sólo en un rincón. Y sólo le daba un trozo a E.Pardo, que un día me defendió de una pelea.
AUTOR: Ricky Martín.
miércoles, 19 de agosto de 2009
El país multicolor

Había una vez un país, donde solamente existían tres colores: azul, rojo y verde. Así que ya os podéis imaginar… ¡Qué aburrido, todo era de tres colores!
Los habitantes se preguntaban: ¿por que sólo aquellos tres colores? aunque no les parecía del todo mal.
Un día llegó un forastero de otro país, y al ver que en aquel país sólo había tres colores, se quedó muy, muy extrañado. Y pensó: ¡Anda que país más aburrido, todo es rojo, azul y verde!
Todas las casas estaban pintadas con los tres colores, aunque… ¿Sabéis? Los habitantes se habían inventado una manera para que no fuera tan aburrido. ¡Sí, sí! Una vez ponían el rojo, otra el azul y otra el verde. Aunque… la verdad… al final siempre se aburrían.
Así que el forastero que era muy, muy listo. Les dijo: ¿Y por qué no mezcláis los colores?
Todos se miraron entre ellos, extrañados. Y un niñito pequeñito, le dijo al forastero: No sabemos hacerlo ¿Por qué no, nos enseñas?
Y el forastero ni corto ni perezoso, cogió tres latas de pintura que había en el suelo, y las tiró sobre una pared. Todos se quedaron maravillados, al ver que de la mezcla de aquellos tres colores, salían todos los colores que te puedas imaginar. Y desde entonces, es el país con más colores del mundo, y sus habitantes se visten con ropas de lo más coloridas, paseándolas contentos y felices.

domingo, 16 de agosto de 2009
Mi"¿por qué?"y yo

Me está desbordando un “¿por qué?”. Cuando era pequeñito y monísimo vivía en mi espejo. Yo también era pequeñita y monísima. Pero, un día que me miré por fin de frente y espalda, el “¿por qué?”, juguetón, dio un brinco, salió del espejo y trepó hasta mis hombros. De esto hace más de treinta años y, desde entonces, vivimos juntos en revoltosa camaradería. El problema es que ya no es un “¿por qué?” pequeño, blandito y zalamero como era entonces. Ya saben ustedes lo que ocurre con estas cosas: con el tiempo y mis cuidados ha crecido hasta convertirse en un “¿por qué?” grandote, cachazudo y algo torpe que va ocupando cada vez más espacio. Come muchísimo, sufre un acusado sobrepeso y cada vez necesita alimentarse más y más, y todos saben también a cuánto está el trigo y el arroz. Lo saco a pasear para que haga sus cosas, pero siento que es mi “¿por qué?” el que me lleva a mí, a rastras por las aceras. Trato de asirme a las rejas de las ventanas pero él ni se da cuenta y tira y tira de mí hasta descoyuntarme las articulaciones del alma. La gente nos mira y se asombra a nuestro paso: “Mira, qué “¿por qué?” tan enorme ha sacado a pasear a esa chica”. Y me tienen un poco de compasión y les da un poco de risa. A mí también me da risa verme atravesar charcos sin botas de agua, a remolque de un “¿por qué?” mastodonte tan poco fino. Un día oí un ruido brutal, como de explosión en un camarote. Me temí lo peor y fui corriendo a mi cuarto. Allí estaba, mi formidable “¿por qué?”, se había subido a mi cama y la había aplastado. Le reñí severamente y le advertí que la cama no es lugar para que duerman los “¿por qués?”. Entre otros motivos porque los “¿por qués?” no duermen nunca, están siempre remoloneando, husmeando por huecos y superficies, enturbiando aguas y dejando pelos y pulgas por todas partes, pero no duermen, y menos en la cama, que es donde engordan varios kilos cada vez que se tumban, de noche, al lado de su dueño, si es que él se lo permite. Estoy realmente preocupada. Ha crecido tanto que ya no cabe en el patio, y no hay otro sitio donde bañarlo, y tengo que hacerlo porque mi “¿por qué?” va recogiendo polvo y miserias por donde pasa y se le pega a la piel y de su piel pasa a la mía y de allí a mi ánimo y gasto más en agua que en comer. Se me ha ocurrido buscar en la Red alguna institución benéfica que albergue “¿por qués?” abandonados, aunque la conciencia me vapulea cuando hago este tipo de planes y me duele algo dentro y me pican las ronchas del corazón y no sé qué hacer. Después de todo, mi “¿por qué?” no está huérfano. Yo iría a visitarle de vez en cuando, pero estarán de acuerdo conmigo en que es más cómodo y llevadero ir a visitar un “¿por qué?” que tenerlo siempre en cuestas, arrastrando por la moqueta del salón sus veinte toneladas de incógnitas. Sí, sería bueno para los dos. A veces pienso que cualquier día, al volver a casa, me encontraré a mi “¿por qué?” expandido como una niebla de plomo, conquistándola toda, hasta el último rincón, como la Alicia de Carroll cuando se le fue la mano y el diente comiendo hongos. ¿Qué haré entonces? ¿Qué haré cuando mi “¿por qué?” me eche de mi casa y de mi vida, de mi esperanza?
En fin, esta noche pondré un anuncio en el periódico. Quizás a alguien le interese este “¿por qué?” ocupatodo al que se le va poniendo cara de universo. Todavía no ha perdido la costumbre de traer las zapatillas y el periódico a su dueño y yo sé que hay gente rara y filósofa que se encariña con casi nada. Si a alguna buena persona se le ocurre otra solución, le ruego que se ponga en contacto conmigo en el número de teléfono que indico en el anuncio. Y, si alguien tiene una “respuesta”, aunque no sea tan grande, aunque sea pequeña, blandita y zalamera, aunque esté a medio hacer y haya que alimentarla y bañarla y sacarla a pasear por las aceras y los charcos para que crezca y se haga obesa y remolona, si alguien la tiene, por favor, le agradecería que hagamos un trueque; yo le doy mi “¿por qué?” a cambio de su “respuesta”.
A ver si así, de una vez por todas, consigo quedarme a solas, conmigo y con la paz.